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Tras febriles reuniones durante dos semanas -que incluyeron una inédita cita del presidente George W. Bush con los ex candidatos presidenciales- los miembros del Congreso de EE.UU sacaron adelante un acuerdo para el rescate bancario más grande de la historia, propuesto por el secretario del Tesoro Henry Paulson y el presidente de la Reserva Federal (FED) -Ben Bernanke. SEMANAS DE INESTABILIDAD La saga empezó el 7 de septiembre cuando el Tesoro norteamericano rescató a las firmas Fannie Mae y Freddie Mac, dos instituciones cuasi federales cuyo objetivo es proveer liquidez y garantizar la estabilidad del mercado secundario de hipotecas. Una semana más tarde vino la crisis del banco de inversiones Lehman Brothers pero en ella el Tesoro no quiso involucrarse, dejándolo caer sin financiamiento público, para crear un precedente acerca de los rescates a los bancos de inversión que no están bajo el control de la FED. Sin embargo, tan solo dos días después (16 de septiembre) el Tesoro tomó el control de 80% del capital del American International Group (AIG), la mayor compañía de seguros de EE.UU, a cambio de una línea de crédito de $85.000 millones. DESAPARECE BANCA DE INVERSIÓN A inicios del 2008, la banca de inversión en EE.UU tenía cinco gigantes: Bearn Sterns, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Lehman Brothers y Merrill Lynch. En marzo se dio la caída de Bearn Sterns, cuyos activos fueron adquiridos por J. P. Morgan Chase en una operación financiada con un crédito puente por $23.000 millones otorgado por la FED. Lehman Brothers –banco fundado en 1850- agotó sus esfuerzos por encontrar un comprador que asumiera todos sus activos y pasivos, el domingo 14 de septiembre declara su bancarrota; el mismo día, Bank of America anunciaba la adquisición de Merrill Lynch, la firma de corretaje con mayor presencia en EE.UU fundada en 1914, por un total de $50.000 millones pagaderos enteramente en acciones. El 21 de Septiembre en un movimiento inusitado, Goldman Sachs y Morgan Stanley dejaban de ser bancos de inversión independientes para transformarse en bancos comerciales, con capacidad de captar depósitos directamente del público. Para adaptarse a las nuevas condiciones, incluyendo mayor escrutinio de la FED, pero también un seguro de depósitos para sus clientes, las instituciones se comprometían a levantar capital fresco y a reducir los niveles de apalancamiento. Morgan Stanley tomó la delantera al día siguiente, anunciando la venta de 20% de su capital social a Mitsubishi UFJ Financial Group, el banco comercial más grande de Japón, por $8.000 millones. Golman Sachs siguió sus pasos vendiendo $5.000 millones en acciones preferentes a Berkshire Hathaway. En esta operación Goldman Sachs ofreció pagar un cupón de 10% a perpetuidad, con el compromiso de comparar acciones a un precio determinado, si así lo requiera Berkshire Hathaway en cualquier momento, durante los próximos cinco años. EL PAQUETE DE RESCATE La calma en los mercados financieros internacionales se reestableció momentáneamente el jueves 18 de septiembre, todo ocurrió gracias a un anuncio de la FED y la Tesorería estadounidense de un programa de salvataje bancario a gran escala. Por medio de este el Tesoro de EE.UU compraría a los bancos comerciales y de inversión hasta $700.000 millones en activos denominados “tóxicos”; en este momento equivale al 5,2% del PIB esperado para este año. La Tesorería no esta interesada en mantener los activos adquiridos hasta su madurez, su objetivo es deshacerse de ellos en un período no mayor a dos años. Pero las facilidades otorgadas recién no terminan allí. Dado el riesgo de retiros masivos de dinero depositados en fondos de corto plazo, la Tesorería se ha visto forzada a crear una línea de crédito de $50.000 millones, para garantizar el capital de los fondos depositados antes del 17 de septiembre. Según algunas fuentes, el total depositado en este tipo de fondos supera la cifra de $3.400 millones, que habrían perdido aproximadamente 5% de dicho valor en la semana previa a la decisión. ¿Y AHORA QUÉ? La situación financiera de EE.UU seguirá extremadamente frágil. Un aspecto que prácticamente no se ha mencionado en el plan de rescate de Henry Paulson es cómo se beneficia directamente al ciudadano común, a aquel que no puede pagar la hipoteca y debe dejar su casa en manos de los bancos. Esta crisis de liquidez esta erosionando rápidamente la confianza de los consumidores, que ven caer los precios de sus propiedades, pierden sus trabajos (solo en la industria financiera se espera 100.000 despidos este año) y no tienen acceso al crédito. Sin duda poner en marcha el motor financiero ayudará a salir de esta crisis, pero no lo garantiza. Con seguridad se verá mucho mayor movimiento en el corto plazo. Extracto Adaptado del artículo publicado con el mismo título en la Revista Gestión, Octubre 2008, N. 172, Autor: Santiago Mosquera T.
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